Según habitantes de Tizimín, el alcalde Adrián Quiroz minimiza el problema de perros ferales pese a constantes ataques

Aunque continúan los reportes, exigencias y reclamos de los tizimileños, el alcalde Adrián Quiroz Osorio no ha dado solución ni ha hecho alguna declaración al respecto, mientras los pobladores señalan que la problemática persiste.

El problema de los perros callejeros y ferales en Tizimín está causando constantes ataques a personas, la muerte de animales de traspatio y riesgos viales, además de representar un riesgo sanitario para la población, sin que el ayuntamiento encabezado por Adrián Quiroz Osorio busque soluciones, pese a los constantes reclamos de la ciudadanía.

Los caninos denominados ferales son animales domésticos que se han adaptado a vivir en la naturaleza, sin ningún control ni dependencia del ser humano. Descienden de ejemplares que fueron abandonados o que escaparon y se reprodujeron en áreas silvestres. Cabe señalar que el perro de la calle vive en la ciudad y depende de la comida que le dan los humanos, mientras que el feral caza su propio alimento y vive en zonas rurales o naturales.

Esta especie causa un grave desequilibrio ecológico, no pertenecen originalmente a esos hábitats, cazan animales silvestres, compiten por el territorio y pueden llevar a especies locales al borde de la extinción.

Recientemente, un ataque canino dejó 10 cerdos sin vida en Tizimín y vecinos de la zona señalaron que no les pertenecían.

El caso volvió a encender la alerta por los perros que deambulan sin supervisión en calles tizimileñas y el riesgo que pueden representar para otros animales y ciudadanos.

El problema de los canes callejeros y ferales en Tizimín parece intensificarse y se han reportado múltiples llamadas semanales por mordeduras a transeúntes, deportistas y vecinos en diversas colonias.

Las agresiones a animales de patio no son nuevas en la cabecera y sus comisarías, con frecuencia se han notificado situaciones donde perros persiguen y matan pavos, gallinas, porcinos y hasta borregos, lo que ocasiona pérdidas para las familias que crían estos animales como parte de su sustento.

De acuerdo con especialistas, el intenso calor que se registra en la región, aunado a la falta de agua y comida, genera estrés en los ejemplares que viven en situación de calle. En su constante búsqueda de alimento y líquido, alteran su conducta y reaccionan de manera más violenta, lo que también representa un peligro para la sociedad, especialmente menores y personas adultos mayores.

La elevada población de perros en situación de calle facilita la transmisión de enfermedades zoonóticas a los humanos, principalmente la rickettsiosis (transmitida por garrapatas), leptospirosis, parásitos intestinales y la rabia.

De igual forma, generan contaminación, ya que se estima que un can de tamaño mediano defeca en promedio entre 150 y 300 gramos al día. Al secarse al sol, los excrementos se pulverizan y son dispersados por el aire, contaminando alimentos, depósitos de agua y provocando infecciones gastrointestinales y respiratorias en la población.

 

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Redacción
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