La Península de Yucatán se encuentra entre las zonas de mayor riesgo para el tráfico ilegal de loros, pericos y guacamayas en México, una actividad que mantiene bajo presión a las poblaciones silvestres de estas aves y que ha convertido diversas carreteras del sureste en rutas utilizadas para su traslado.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Australia y la Universidad Estatal de Arizona identificó los principales corredores utilizados por estas redes, tras analizar más de 6 mil registros de decomisos ocurridos entre 1997 y 2024.
De acuerdo con la investigación, la diversidad de aves que habita desde Chiapas hasta Quintana Roo convierte al sureste mexicano en una región atractiva para los traficantes. Las carreteras que conectan o atraviesan Mérida, Campeche, Villahermosa y Tuxtla Gutiérrez figuran entre los puntos con mayor actividad detectada.
El problema también está relacionado con la permanencia de los loros como animales de compañía. Especialistas advierten que la práctica de mantener estas aves en hogares se ha normalizado en México, pese a la presión que genera sobre las poblaciones silvestres.
José Pierre, presidente del Proyecto Santa María, una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre especializada en aves y ubicada en Mérida, recordó que desde 2008 está prohibido el aprovechamiento extractivo y comercial de estas especies.
La dimensión del problema alcanza a la mitad de las 20 especies de loros mexicanos analizadas, las cuales se encuentran directamente amenazadas por la captura ilegal destinada al comercio. Algunas, señaló Pierre, están consideradas en peligro de extinción conforme a la Norma Oficial Mexicana 059.
Entre las especies en situación crítica se encuentra el loro nuca amarilla, cuya población ha resultado particularmente afectada por la captura y comercialización ilegal.
El estudio advierte además que las redes de tráfico modifican sus rutas conforme cambian las condiciones legales y sociales, lo que dificulta su detección. Frente a ello, los investigadores desarrollaron un mapa de corredores de riesgo que permite identificar posibles trayectos utilizados para transportar las aves.
La herramienta busca anticipar los movimientos del tráfico ilegal y facilitar que las autoridades puedan interceptar los cargamentos antes de que los ejemplares lleguen a los mercados, especialmente en regiones identificadas como puntos de tránsito para estas especies.






