Entre los indicadores estatales, se destaca la tasa de mortalidad de ciclistas en Yucatán, de 1.3 con la que ocupa el primer lugar nacional en este rubro.
Los riesgos en las calles y carreteras de Yucatán no se limitan a los congestionamientos, los cruces complicados o la convivencia entre automóviles y motocicletas. También se reflejan en las cifras: en nueve años, los siniestros viales registrados en la entidad aumentaron de 5 mil 422, en 2015, a 8 mil 727, en 2024, mientras que el estado ocupa el primer lugar nacional en la tasa de mortalidad de ciclistas, con 1.3.
Así lo expone el Monitor de la Seguridad Vial en México 2026, elaborado por la Fundación Aleática, cuya tercera edición analiza los datos oficiales más recientes disponibles, correspondientes a 2024, y da continuidad a los informes publicados en 2024 y 2025.
El documento advierte que los hechos de tránsito no deben entenderse como sucesos aislados, sino como un problema constante de salud y seguridad pública que afecta a víctimas, familias, comunidades y sistemas públicos.
“Los siniestros de tránsito no son hechos aislados. Ocurren todos los días y afectan a la sociedad en su conjunto”, señala el informe, que también apunta que su presencia cotidiana contribuye a que su magnitud y urgencia pasen inadvertidas.
Entre los indicadores estatales que presenta el Monitor destaca la tasa de mortalidad de ciclistas de Yucatán, de 1.3, con la que ocupa el primer lugar nacional en este rubro. Como contraste, las entidades de la península de Baja California registran una tasa de 0.1, según los datos proporcionados en el documento.
La diferencia coloca en el centro de la discusión las condiciones en las que se desplazan quienes utilizan la bicicleta, un medio de transporte que comparte el espacio vial con vehículos de mayor tamaño y velocidad, pero que ofrece menor protección física ante una colisión.
El informe también reporta para Yucatán una tasa de mortalidad de motociclistas de 10.7 y de 2.0 en peatones atropellados. Estos indicadores muestran que el riesgo no se distribuye de la misma manera entre los usuarios de la vía pública y que algunos de los más vulnerables enfrentan consecuencias particularmente graves.
En cuanto a los ocupantes de vehículos particulares, la tasa estatal de mortalidad es de 2.2; para el transporte de carga, de 0.3, mientras que en autobuses se reporta una tasa de 0.0. En este último rubro, Zacatecas presenta el indicador más alto señalado en la información proporcionada, con 1.6.
El Monitor incluye además una tasa de mortalidad en siniestros viales de 16.1 para Yucatán.
A escala nacional, durante 2024 se contabilizaron 388 mil 720 siniestros viales: 13 mil 771 ocurrieron en carreteras y 374 mil 949 en zonas urbanas.
El documento identifica a Nuevo León, Chihuahua, Sonora, Estado de México y Guanajuato como las entidades que encabezaron el número de siniestros de tránsito durante ese año.
No obstante, la cantidad de accidentes no basta para dimensionar el riesgo. El informe explica que algunos estados concentran más hechos debido a su población, actividad económica y parque vehicular, mientras que en otros, aun con menos siniestros, la probabilidad de morir en uno de ellos puede ser mayor.
Por ello, el análisis de la seguridad vial requiere observar tanto la frecuencia de los hechos como sus consecuencias, los tipos de usuarios afectados y las condiciones de movilidad de cada territorio.
El Monitor revela que las zonas urbanas concentran la mayor parte de los siniestros y que la vulnerabilidad de los peatones constituye uno de los patrones recurrentes en el país.
Entre los factores que incrementan el peligro menciona la alta densidad vehicular, la infraestructura insuficiente o inadecuada para quienes caminan o utilizan transportes ligeros, las diferencias de velocidad entre los usuarios y la convivencia de distintos medios de transporte en un mismo espacio.
A ello se suman intersecciones complejas, cruces inseguros, paradas informales del transporte público y actividades económicas sobre la vía pública. En las carreteras, aunque los siniestros son menos frecuentes, las velocidades elevadas pueden aumentar la gravedad de sus consecuencias.
El documento también advierte que no todos los hechos quedan registrados, en especial aquellos que no provocan consecuencias graves. Esta falta de información dificulta conocer la dimensión completa del problema y puede contribuir a que los riesgos se normalicen.
Sin embargo, la publicación sostiene que los siniestros viales no son inevitables y que pueden prevenirse mediante infraestructura segura, mejores políticas públicas y un sistema de movilidad que coloque la protección de las personas en el centro de las decisiones.
Otro de los aspectos abordados es la desigualdad en las condiciones de desplazamiento. El Monitor subraya que el género, la edad, las responsabilidades de cuidado y las condiciones económicas, sociales y territoriales influyen en los medios de transporte utilizados, las rutas elegidas y los riesgos que enfrenta cada persona.
De acuerdo con el documento, las mujeres suelen realizar recorridos más cortos, múltiples y dispersos, vinculados con actividades laborales, domésticas y de cuidado, como llevar a menores a la escuela, acudir a centros de salud o realizar compras.
En contraste, la tendencia predominante entre los hombres descrita en el informe se relaciona con trayectos más directos y largos, el uso del vehículo particular y los desplazamientos por motivos laborales en horarios pico.
Incorporar estas diferencias en el diseño de políticas públicas permitiría identificar riesgos que las cifras generales pueden ocultar y avanzar hacia una movilidad más accesible, incluyente y segura.
La Fundación Aleática plantea que el Monitor debe servir para orientar inversiones, identificar territorios y poblaciones de mayor riesgo, dar seguimiento a compromisos internacionales y fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas.
En el caso de Yucatán, el aumento de los siniestros entre 2015 y 2024 y el primer lugar nacional en mortalidad de ciclistas constituyen señales que requieren atención específica, junto con los indicadores de motociclistas y peatones.
Más allá de las estadísticas, cada cifra representa un riesgo que acompaña los trayectos cotidianos de quienes caminan, pedalean, conducen o utilizan el transporte público. El reto consiste en que los datos se traduzcan en cruces más seguros, infraestructura adecuada, velocidades controladas y políticas de prevención sostenidas.
Como concluye el enfoque del Monitor, contar con información confiable permite dejar atrás las respuestas basadas únicamente en percepciones y avanzar hacia estrategias preventivas. Para Yucatán, donde los registros muestran un incremento de los siniestros y una elevada vulnerabilidad de los ciclistas, convertir esa evidencia en acciones concretas es una tarea fundamental para proteger la vida en las calles y carreteras.






