Vendedores ambulantes han vuelto a instalarse en las inmediaciones del nuevo Hospital General Agustín O’Horán.
A poco más de un mes de que cerca de 20 comerciantes fueran desalojados del sitio, los puestos han comenzado a reaparecer y algunos ya forman parte otra vez del paisaje cotidiano de quienes van al centro hospitalario Hospital General Agustín O’Horán.
Más de una decena de puestos están actualmente en funcionamiento frente al edificio. Entre lonas, mesas y pequeños espacios improvisados, los puesteros ofrecen una variedad de alimentos y bebidas para pacientes, familiares, trabajadores y visitantes tales como, antojitos, fritangas, tortas, tacos, dulces y refrescos.
Algunos vendedores no solamente han acondicionado sus áreas para preparar los alimentos, sino que también colocaron mesas y sillas para que sus clientes puedan consumir en el mismo sitio.
La jornada comienza desde temprano: en la mayoría de los casos, las estructuras empiezan a operar entre las 6:30 y 7 de la mañana y permanecen abiertas después de las 2 de la tarde, aunque algunos comerciantes prolongan su estancia hasta cerca de las 18 horas.
Para quienes trabajan en estos pequeños negocios, regresar a la zona significa recuperar una fuente de ingresos, pero también estar nuevamente en la incertidumbre.
Erlinda González, vendedora de dulces y refrescos, recordó que fue una de las personas afectadas por el desalojo ocurrido a principios de julio.
La razón que les dieron en aquel momento, detalló la comerciante, fue que el terreno donde se ubican tiene propietarios particulares. Debido a ello, persiste el riesgo de que sean retirados de la acera si los dueños reclaman el uso del espacio.
Por ahora, agregaron los informales, no cuentan con permisos para permanecer en el lugar.
Tras el operativo anterior se les indicó que debían acudir al Ayuntamiento de Mérida para realizar los trámites correspondientes; sin embargo, doña Erlinda aseguró que no obtuvo una solución favorable.
La necesidad de generar ingresos para el día a día y el ejemplo de otros compañeros que comenzaron a retornar la llevaron a instalar nuevamente su puesto. No obstante, volver no significa trabajar con tranquilidad: la mujer reconoció que diariamente labora con la inquietud de que vuelva a llegar la orden de desalojo.
“Hay que sacar para el pan”, resumió la vendedora, para quien el comercio informal representa su única manera de subsistir, aun cuando reina la incertidumbre sobre la permanencia de su negocio.
En contraste, Luz Cocom afirmó desconocer el operativo de retiro ocurrido semanas atrás y actualmente trabaja con normalidad en su espacio.
Al igual que ella, otros comerciantes se han reubicado paulatinamente en las cercanías de la unidad médica.
El flujo de vendedores ocupa ya una parte considerable de la vía pública frente al nuevo O’Horán. Incluso hay quienes han optado por utilizar sus motocicletas como expendios móviles, recorriendo la zona para ofrecer golosinas y botanas a peatones y automovilistas.






