La contaminación del agua, la expansión de granjas porcícolas y el uso de agroquímicos mantienen en alerta ambiental a Yucatán, en medio de señalamientos internacionales sobre los impactos en ecosistemas y comunidades, particularmente en zonas mayas.
Entre las problemáticas identificadas se encuentran descargas urbanas sin tratamiento adecuado, el uso de pozos como vertederos y deficiencias en la infraestructura municipal, factores que se suman a las afectaciones vinculadas a la actividad porcícola y al manejo de sustancias tóxicas en el campo.
En este contexto, autoridades ambientales estatales informaron que se mantiene la restricción para la apertura de nuevas granjas porcícolas y la ampliación de las existentes, mientras que las acciones actuales se enfocan en la reconversión de estos espacios para mejorar sus sistemas de tratamiento de aguas residuales.
Asimismo, se han intensificado las inspecciones en coordinación con instancias federales, lo que ha derivado en la clausura de algunas instalaciones y en la revisión de autorizaciones ambientales otorgadas previamente, como parte de un proceso de seguimiento a su cumplimiento.
Las medidas se desarrollan tras las observaciones del relator especial de Naciones Unidas sobre Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos, quien documentó afectaciones asociadas al uso de plaguicidas, entre ellas la muerte masiva de abejas en la región peninsular.
Ante este escenario, también se trabaja en la definición de protocolos para regular el uso de agroquímicos, incluyendo la identificación de zonas sensibles mediante el registro de colmenas y la coordinación con autoridades federales para limitar prácticas como la fumigación aérea con drones.






