El modelo económico estatal en Yucatán mantiene una mano de obra barata pese al encarecimiento de la vida, advierten.
La contadora pública Raquel Alvarado Cabrera, directora de los programas académicos de finanzas, contaduría, administración y dirección de empresas de la Universidad Anáhuac Mayab en un análisis que realiza sobre la pérdida de empleos formales y el explosivo crecimiento de la informalidad en Yucatán, admite que el costo de vivir en Mérida se ha disparado muchísimo.
Considera que la carestía de la vida en Yucatán es un obstáculo para que los trabajadores ganen sueldos más atractivos a los que perciben hoy: aun estén establecimientos de ultra lujo y marcas mundiales, ellos pagan bajos salarios.
De hecho, las pláticas en la sociedad académica últimamente se refieren a lo que ven en los negocios de servicios, en especial de los restaurantes de Mérida: ven negocios de alta gama donde a lo mejor acuden figuras de la política, del espectáculo, familias con otro nivel de poder adquisitivo, fenómeno que solamente se veía en Ciudad de México, pero esos negocios ya están en la capital yucateca y no cualquier comensal puede ir a sentarse y pagar altas sumas de dinero en consumo.
“Vemos más restaurantes de otro nivel, de más prestigio, de otra categoría, hasta con estrellas y distinciones Michelin aquí en Yucatán, en Mérida y la lógica es que paguen mejor, sin embargo, no lo hacen”, comenta.
El modelo económico estatal mantiene una mano de obra barata pese al encarecimiento de la vida, advierte la académica.
“Pero pasa eso porque siguen contratando a un colaborador para la cocina, como chef, mesero o intendencia y le pagan lo mismo como si estuvieran en un restaurante de menor categoría”.
“Eso no ha cambiado”, sostiene. “Las cifras oficiales que nos dan, por ahí en lo que me copiaron, decían que tenemos una tasa de ocupación del 98% en 2026. Sí. ¡Qué cifra tan importante! No tenemos una tasa de desempleo preocupante aparentemente (era de 1.5% en julio). Pero hay que preguntarse: ¿Por qué esos datos?”.
“Yucatán tiene una rotación de este personal porque están cansados de tener un mal trato, porque están cansados de no tener un trato justo, falta de respeto a las horas de trabajo, bajos sueldos que perciben”.
“Si le sumamos a que cada año nuestros jóvenes que están ingresando al mundo laboral ya no son cientos, sino miles, y el mercado no crece al mismo tiempo y ritmo”, señala.
“No porque veamos que en Mérida está el auge en el desarrollo inmobiliario, hotelero, restaurantero, significa que vamos a ser mejor pagados en nuestras funciones”.
“Muchas veces las franquicias, las marcas de prestigio, a lo mejor piensan que con ofrecer un trabajo prolongado ya no tienes que andar tocando puertas”, considera.
“Pero lo que no nos dice la misma empresa que está instalada en Estados Unidos o en el norte del país, es que el crecimiento y desarrollo para el profesionista local no es igual”.
“Aquí en el sur del país, como hemos acostumbrado a la sociedad a que no haya ese desarrollo, esa evolución natural del profesionista, pues con que te pague y tengas para vivir en el día a día está bien porque la vida es dura”, reitera.
“Entonces, el trabajador no se queja porque tiene empleo, aún no sea en las mismas condiciones de un país desarrollado, de un país de primer mundo”.
Sobre esa tasa de ocupación del 98% señala, “la verdad es que el gobierno sí tiene las cifras correctas porque no hay mentiras en las estadísticas, pero repito: Te estoy dando de beber, te estoy alimentando, ¿por qué te quejas?, ¿por qué desacreditas? Pues sí, pero me estás dando veneno de alimentación”, subraya.
“No mienten con el 98.2% de tasa de ocupación, pero nuestro modelo económico en Yucatán lleva décadas siendo un modelo en el que pagamos una mano de obra barata“.
“Nos hace falta mucha cultura en esta parte en donde el empresario valore y reconozca a sus colaboradores. En este tema nos da para mucho porque no solamente es el monto físico de pesos mexicanos del sueldo, también detrás está la parte emocional, la parte que motiva y hace que el colaborador quiera continuar en esta empresa y se ponga la camiseta de mayor productividad”.
La directora Raquel Alvarado dice que si uno analiza a fondo los resultados de las encuestas sobre esta alta rotación de trabajadores, uno se preguntaría: “¿Qué hace que se pasen de un restaurante a otro? ¿Por qué se cambian si vas a hacer la misma función?”.
“Se entendería si el cambio de empresa es para mejorar, pero no, muchos expresan que no se sienten bien tratados, hay maltrato, hay violencia, no violencia física, sino de jornadas largas y extenuantes, donde no eres una persona, no eres alguien que solo lava platos, sino que tienes que barrer, trapear y con el mismo salario, lo que hace que las personas dignas no existan”.
“Se juntan muchas cosas y desgraciadamente los sectores que en Yucatán generan empleo, como lo es el comercio, servicios, turismo, la construcción, pagan mucho menos que la industria, pagan mucho menos que en logística o manufactura que se ve en el norte del país”, afirma.
“Y lo peor es que es una tendencia que se agravará”, advierte. “Lo estamos viviendo muy cercano con nuestros hermanos en Quintana Roo. Lo que vemos en las noticias, los vídeos de estos locales vacíos, sí hay un riesgo en Mérida, porque si observamos en cada esquina ya hay una placita con 10 locales, caminas cuadra y media y ya hay otra placita de otros 10 o 15 locales”.
“Para la cantidad de pequeños locales, no de plazas comerciales, de pequeños locales que están abriendo, Mérida no va a dar ni para cubrir las expectativas que están construyendo en vivienda o en locales comerciales”, advierte. “Mérida no dará para eso”.
“Esa inversión de largo plazo que deberíamos traer no llega. Nosotros también la confundimos y10 decimos: ¡Oye, mira cuánta inversión! Vemos que por todos lados se está construyendo, pero no es ese el tipo de inversión que Yucatán requiere”.
“En este modelo que tenemos hay que buscar en el largo plazo que la empresa quiera mano de obra más calificada”, insiste. “No se trata de construir locales y abrir micronegocios porque esa no es la solución”.
“Lo que se requiere es que la empresa o industria que llegue, genere empleos sí formales, pero también empleos bien remunerados”, indica. “Que ofrezca capacitación y buen salario para que ese empleado quiera quedarse a hacer una trayectoria de vida y carrera profesional y se ponga la camiseta, que tenga la oportunidad de crecimiento profesional y económico”.
Con nostalgia, la directora afirma que en México sí hay empresas comprometidas con trazar una carrera a sus trabajadores, pero no son muchas. Por ello ya no existe ese sentimiento de identidad y que el padre o madre de familia se sientan orgullosos de trabajar en la misma o que porten orgullosos la camiseta de la marca.
“Los trabajadores generalmente piensan que si la empresa no tiene la intención de preparar, desarrollar y mejorar, pues tampoco dan ese plus y así se forma un círculo vicioso de poca colaboración y productividad”, destaca.






