En Yucatán, la trata de personas impacta de manera alarmante a niños y adolescentes, quienes son sometidos a condiciones de explotación laboral y sexual, muchas veces dentro de sus propios hogares o en las calles. Esta situación representa una grave violación a sus derechos y un obstáculo para su desarrollo integral.
Diversos informes y organizaciones locales han documentado que menores de edad trabajan en las calles vendiendo productos como dulces o cigarros hasta altas horas de la noche, exponiéndose a peligros y posibles abusos. Además, existen numerosos casos en los que niñas y adolescentes son víctimas de violencia sexual en entornos familiares marcados por el consumo de alcohol y drogas.
La presencia de menores en estas condiciones revela un patrón de vulnerabilidad que se extiende también a la explotación en espacios públicos y privados, donde la falta de protección y la impunidad dificultan la detección y atención oportuna. El temor a denunciar y la invisibilidad social contribuyen a que muchos casos permanezcan ocultos.
Organizaciones como la Red Rahamim y la Pastoral de Migrantes y Refugiados de la Arquidiócesis de Yucatán trabajan para romper el silencio, ofreciendo programas de prevención y sensibilización dirigidos a la comunidad, con especial énfasis en la protección de niños y adolescentes.
Expertos insisten en que es fundamental fortalecer los mecanismos de denuncia y apoyo, así como fomentar la participación activa de la sociedad para evitar que la trata continúe afectando de manera irreversible la vida de los más jóvenes en el estado.






