Síntomas del “burnout” la afección laboral de nuestros tiempos

Vivimos en una cultura que nos enseña a admirar a quien nunca descansa, a quien siempre está ocupado y puede con todo. Pero el bienestar no se mide por cuánto resistimos, sino por la capacidad que tenemos de cuidar de nosotros mismos.

La psicóloga y psicoterapeuta Patricia Gilí López explica el “burnout” o síndrome del “trabajador quemado” como respuesta al estrés laboral crónico y se caracteriza por un agotamiento emocional que, poco a poco, disminuye la motivación, el rendimiento y la capacidad para relacionarse con otras personas en el entorno de trabajo.

El agotamiento después de una jornada laboral es algo común, pero cuando el desgaste se vuelve constante, e incluso persiste después de descansar y comienza a afectar la salud física, emocional y el desempeño laboral, ya estamos frente a un situación de salud preocupante que debe solucionarse.

A diferencia del estrés cotidiano, precisa la especialista, el “burnout” no desaparece con unos días de descanso.

“El estrés cotidiano suele ser temporal y mejora cuando descansamos. En cambio, el ‘burnout’ persiste aunque la persona tome unos días libres, porque el problema ya ha impactado su bienestar físico, emocional y psicológico”, afirma.

Cualquier persona puede desarrollar el burnout, señala la especialista, aunque existen sectores con mayor riesgo debido a la carga emocional o a la presión constante que enfrentan.

“Lo vemos con frecuencia en personal de salud, docentes, trabajadores sociales, cuerpos de seguridad, personas que brindan atención al público y también en quienes ocupan puestos de liderazgo o tienen jornadas laborales prolongadas”.

Actualmente se observa un incremento de casos entre jóvenes que comienzan su vida laboral y sienten una fuerte presión por demostrar resultados desde etapas muy tempranas.

Entre las primeras señales aparecen el agotamiento constante, la pérdida de entusiasmo, dificultades para concentrarse, disminución de la productividad, irritabilidad, problemas para dormir, dolores de cabeza, tensión muscular, ansiedad e incluso aislamiento social.

Cuando estos síntomas permanecen durante semanas o meses y afectan distintas áreas de la vida, subraya la especialista, es importante buscar una valoración profesional.

El desgaste en la persona “quemada” no solo repercute en el estado emocional, sino también en la salud física, advirtió Patricia Gilí. “Una persona con ‘burnout’ puede desarrollar ansiedad, depresión, problemas para regular sus emociones, dificultad para tomar decisiones o pérdida del sentido del propósito”.

“En el aspecto físico son frecuentes el insomnio, el cansancio permanente, alteraciones gastrointestinales, dolores musculares, migrañas e incluso un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares debido al estrés sostenido”, explica.

Si el problema no recibe atención oportuna, las consecuencias pueden intensificarse.

“La persona puede presentar depresión, crisis de ansiedad, consumo de alcohol u otras sustancias como una forma de escapar del malestar, conflictos familiares, aislamiento, bajo rendimiento laboral e incluso abandonar su empleo”.

“En algunos casos, el desgaste emocional llega a ser tan intenso que aparecen pensamientos de desesperanza o una profunda pérdida del sentido de vida”, advierte.

No existe una prueba única que confirme el síndrome, explica la especialista. “Lo primero es realizar una evaluación integral. Los especialistas analizamos la duración de los síntomas, la intensidad, el impacto en la vida diaria, el contexto laboral y descartamos otras condiciones como depresión, ansiedad u otros problemas médicos que puedan producir síntomas similares”.

“No existe una sola prueba que lo confirme. Es el conjunto de la historia clínica, la entrevista psicológica y las herramientas de evaluación lo que nos permite llegar a un diagnóstico adecuado”, detalla.

Las empresas también tienen responsabilidad en la prevención de este problema mediante ambientes laborales saludables, destaca la especialista.

“En México contamos con la NOM-035, una norma que busca precisamente identificar y prevenir los factores de riesgo psicosocial en los centros de trabajo, promoviendo entornos laborales más saludables”.

“Más allá de cumplir con una obligación normativa, representa una oportunidad para que las empresas comprendan que cuidar la salud mental de sus colaboradores también mejora el clima laboral, la productividad y disminuye el ausentismo y la rotación de personal”.

La prevención también depende de hábitos personales como dormir adecuadamente, realizar actividad física, mantener una alimentación equilibrada, establecer límites entre el trabajo y la vida personal, aprender a decir “no” cuando sea necesario y conservar redes de apoyo.

“También es importante reconocer que descansar no es perder el tiempo, es una necesidad para conservar nuestra salud física y mental”, enfatiza.

A quienes sospechan que podrían estar viviendo esta situación, la especialista recomienda no minimizar los síntomas.

“El primer paso es reconocer que algo no está bien y dejar de minimizar lo que siente. Muchas personas piensan que solo necesitan echarle más ganas, cuando en realidad llevan meses sosteniendo un nivel de desgaste que ya superó sus recursos personales. Hablar con alguien de confianza y buscar una valoración psicológica puede marcar una diferencia muy importante antes de que el problema se agrave”.

La recuperación es posible, asegura Patricia Gilí López, aunque implica mucho más que descansar unos días.

“La recuperación implica identificar qué llevó a la persona a ese nivel de desgaste y realizar cambios tanto personales como, en muchos casos, laborales. A través de la psicoterapia trabajamos en el manejo del estrés, la regulación emocional, el establecimiento de límites saludables, el autocuidado y el fortalecimiento de recursos personales. Cada proceso es distinto, pero con atención oportuna las personas pueden recuperar su bienestar y volver a disfrutar de su vida y de su trabajo”.

Aunque en los últimos años existe un mayor reconocimiento de la salud mental, considera la especialista, todavía hay retos importantes para prevenir el burnout y facilitar el acceso a la atención psicológica.

“Vivimos en una cultura que muchas veces nos enseña a admirar a quien nunca descansa, a quien siempre está ocupado y puede con todo. Pero el bienestar no se mide por cuánto resistimos, sino por la capacidad que tenemos de cuidar de nosotros mismos”.

“Escuchar nuestro cuerpo, reconocer nuestras emociones y pedir ayuda cuando la necesitamos no es una señal de debilidad, es una muestra de responsabilidad y de amor propio”.

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Redacción
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