Desabasto de inmunosupresores pone en riesgo a pacientes trasplantados en Yucatán

El desabasto de medicamentos inmunosupresores en el sistema de salud pública se ha convertido en un riesgo crítico para personas con trasplantes de órganos, cuya supervivencia depende de tratamientos diarios e ininterrumpidos. En Yucatán, la falta de estos fármacos ha encendido alertas entre pacientes y familiares, ante la posibilidad de rechazos orgánicos y complicaciones graves derivadas de la suspensión del tratamiento.

Uno de esos casos es el de Mari, una mujer de 43 años que vive en la entidad y que desde hace seis años recibió un trasplante de riñón. Su vida depende del Tracolimus, un inmunosupresor que debe consumir todos los días para evitar que su cuerpo rechace el órgano. Sin embargo, desde el 8 de enero su familia fue notificada de que el medicamento no está disponible en el Hospital Juárez del Instituto Mexicano del Seguro Social.

De acuerdo con su madre, Yolanda Bochas, el tratamiento se ha mantenido únicamente gracias a una caja de reserva. Personal del hospital le indicó que debía volver a llamar días después para saber si el fármaco llegaría, sin ofrecer una fecha concreta de reabasto. La incertidumbre, relató, mantiene a la familia en constante preocupación ante la posibilidad de que el suministro se interrumpa por completo.

Yolanda, de 72 años, es la cuidadora principal y el único sustento económico de su hija. Trabaja como empacadora en un supermercado, depende de las propinas y de la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores. Con esos ingresos cubre una renta mensual de 5 mil 500 pesos y el pago de 2 mil pesos para que Mari pueda acceder a los servicios del IMSS, lo que hace imposible adquirir el medicamento por cuenta propia.

La mujer recordó que esta no es la primera vez que enfrentan una situación similar. Durante la pandemia de covid-19 también padecieron desabasto de medicamentos y una mayor precariedad económica. En 2020, al ser retirados los adultos mayores de los supermercados por considerarlos población vulnerable, Yolanda tuvo que trabajar como acomodadora de autos para poder sostenerse.

El estado de salud de Mari le impide trabajar. Los inmunosupresores han debilitado su organismo, padece anemia y requiere inyecciones de eritropoyetina tres veces por semana. Además, su dieta es estricta, con limitaciones en el consumo de harinas y proteínas. Su problema renal inició a los 36 años, cuando sufrió un desmayo en Quintana Roo y fue diagnosticada con insuficiencia renal crónica, lo que derivó en hemodiálisis y posteriormente en el trasplante, sin que hasta hoy exista un diagnóstico claro sobre el origen de la enfermedad.

Ante este escenario, Yolanda hizo un llamado urgente al IMSS para garantizar el abasto continuo de Tracolimus. Advirtió que la interrupción del tratamiento podría provocar el rechazo del riñón trasplantado y poner en riesgo la vida de su hija, una situación que, dijo, no debería repetirse en pacientes que dependen del sistema público de salud para sobrevivir.

 

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Redacción
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