Grupos de paracaidistas continúan ocupando terrenos en los manglares de las comisarías costeras de Chicxulub Puerto y Chelem, así como en los montes al sur de Flamboyanes. En estas zonas, las familias invasoras han levantado decenas de viviendas improvisadas y se organizan para dividir los predios, talar árboles y rellenar los suelos antes de construir casas con materiales ligeros o duraderos.
La expansión de estos asentamientos ha transformado por completo el paisaje natural. De acuerdo con vecinos de la costa, más del 70 por ciento del ecosistema de humedal ha sido destruido por los rellenos y la pérdida de vegetación. En Flamboyanes, el crecimiento de estas ocupaciones ya generó un nuevo asentamiento con más de 200 predios.
Las consecuencias ambientales son graves: la desaparición de los manglares altera el equilibrio ecológico, aumenta el riesgo de inundaciones y provoca la presencia de fauna silvestre en áreas habitadas. Según Protección Civil, la zona sur de Flamboyanes es una de las más afectadas, sobre todo durante los periodos de lluvias intensas.
A pesar de estas condiciones, los paracaidistas continúan expandiéndose. Testimonios locales señalan que algunos grupos actúan bajo la guía de personas que se presentan como líderes y que organizan la repartición de terrenos para atraer a nuevas familias, lo que ha acelerado la destrucción de los ecosistemas.
Las autoridades municipales y estatales han reconocido que no pueden intervenir directamente, ya que muchas de las ocupaciones se realizan en terrenos federales o privados. Esto impide la instalación de servicios básicos como agua potable, drenaje o electricidad, aunque los habitantes los han solicitado reiteradamente.
Mientras tanto, la tala, el relleno de ciénegas y la construcción improvisada continúan extendiéndose día a día. Especialistas advierten que, de no detenerse, las invasiones podrían ocasionar daños irreversibles en los ecosistemas costeros de Yucatán y aumentar la vulnerabilidad ante fenómenos meteorológicos.






